El
nuevo e inaccesible Cercanías desvirtúa el Plan Intermodal
de Transporte
(24-09-2008)
Zaragoza y el resto de Aragón se encuentran aún
muy distantes de la ansiada realidad de plena accesibilidad y transporte
universal para todos. El recién estrenado Cercanías supone
un catálogo móvil sobre barreras para personas con movilidad
reducida y lidera una red de autobuses, taxis y trenes que exige una
revisión integral e inmediata.
El Plan Intermodal de Transporte, recientemente activado para regular
un servicio público que apenas ha evolucionado en los últimos
años en la capital aragonesa, ha quedado en entredicho con la
irrupción de un Cercanías que, de manera incomprensible,
supone un catálogo móvil sobre la inaccesibilidad. La
línea une Miraflores con la población de Casetas, con
paradas intermedias en Portillo, Delicias y Utebo, y abundantes barreras
insalvables para personas de movilidad reducida severa.
Sólo el vagón destinado a las personas con discapacidad
ofrece en su parte central un acceso al mismo nivel del andén,
que también supone una solución para los mayores y los
viajeros con niños pequeños o grandes equipajes. El resto
del tren presenta escalones pronunciados del todo inaccesibles para
usuarios con movilidad reducida severa y demasiado peligrosos para personas
con alguna dificultad en el desplazamiento... Para cualquiera, en realidad.
La altura del escalón primero, en voladizo y sin asideros, es
excesiva, así como su falta de anchura. No existe, tampoco, el
mejor acceso a los andenes en las distintas estaciones: casi siempre
fortificadas por escalones, en algunas ocasiones sin rampas alternativas,
y con apenas algún ascensor como vía de escape, pero siempre
pendientes y dependientes de que no sufra ninguna avería.
Como va a poder comprobarse por este recorrido repleto de inconvenientes
en el transporte para las personas con discapacidad física y
movilidad reducida que plantea en este informe la Fundación DFA,
Zaragoza y Aragón se encuentran muy distantes todavía
de la ansiada realidad de plena accesibilidad y transporte universal.
Muy lejos, a su vez, de modelos mucho más evolucionados, como
puedan ser los tranvías de Bilbao y Vitoria o la flota de autobuses
y tranvías de Barcelona.
El acceso de cualquiera a los autobuses urbanos que circulan a diario
por la capital aragonesa roza lo imposible. Y más en el caso
de las personas con movilidad reducida, claro. No se discute su accesibilidad
teórica, pero sí se denuncia su práctica. Focalizando
en la realidad de la persona con discapacidad, la muy exigente frecuencia
de paso que debe cumplir cada conductor no permite dedicarle el tiempo
necesario al proceso individual de subida al vehículo. Tampoco
ayuda la sensibilidad ciudadana, aún necesitada de un intenso
barniz educativo, cuando un particular considera buena idea aparcar
su vehículo delante de una parada, entorpeciendo la maniobra
del autobús e imposibiltando el empleo del servicio por parte
del usuario con movilidad reducida.
Existe la alternativa de trasporte PMRS: un autobús amarillo
para personas con movilidad reducida severa. La opción se acepta
y aplaude por su intención y servicio social, aunque su esencia
segregadora dista de la meta de la normalización y su forma sufre
mucho más que los taxis adaptados, por ejemplo, para ajustarse
al objetivo de servicio personalizado.
La flota de taxis adaptados se advierte, asimismo, claramente escasa.
Pese al sincero y apreciable esfuerzo del Servicio Público del
Ayuntamiento, no existen licencias suficientes para convertirse en un
recurso válido y debería multiplicarse el número
actual para hacer frente a la demanda latente. Se reclama un servicio
personalizado y unas tarifas accesibles para que las personas con movilidad
reducida puedan desplazarse en pos de cumplir con sus compromisos profesionales,
formativos y médicos. Hablamos de un servicio, no de un privilegio,
por lo que el ocio y las cuestiones de consumo propio no entrarían
en este marco, como es de recibo. La idea de un bono subvencionado por
la Administración, como ya sucede en otras regiones de nuestro
país, se sitúa en cabeza de las propuestas.
Existen iniciativas generosas pero incompletas en su esencia. RENFE
va a destinar una cantidad notable para incorporar unas rampas hidráulicas
que permitan el acceso a los vagones del AVE de las personas que acrediten
un porcentaje mínimo de movilidad reducida y se desplacen con
silla de ruedas. Desde la Fundación Disminuidos Físicos
de Aragón se está convencido de que la exigencia pasa
por eliminar la barrera y no proponer soluciones que no engloban otros
casos de personas con movilidad reducida permanente o temporal: lesionados
con muletas, viajeros con maletas, mayores, madres o padres con carritos
de bebé... En Inglaterra, por ejemplo, un individuo que sostenga
dos maletas ya se le considera alguien con movilidad reducida. Puntual,
pero reducida.
Igualmente, y aunque exceda del límite geográfico, gran
número de aragoneses siguen reclamando que se articule una red
complementaria para conectar estaciones de principales, de capitales
de provincia, con secundarias próximas y habituales destino de
numerosos desplazamientos.
El mundo rural suplica una revisión. Ninguna de las líneas
disponibles en el transporte interurbano ofrecen autobuses adaptados,
con el retraso cívico y abandono personal consiguiente. Su paupérrima
situación exige que el concurso de nuevas rutas incluya en sus
bases la obligatoriedad de que los nuevos modelos sean plenamente accesibles
para viajeros con movilidad reducida. Sin ese punto de partida, no debería
aceptarse la participación de ningún proyecto. En este
ámbito, ha surgido en los últimos años el Plan
Iseal como principal oferta para regular la situación existente,
pero el tiempo ha demostrado que se trata de una iniciativa insuficiente
y reclama una mejora completa y decidida.
Resulta innegociable alcanzar un sistema de transporte universal para
todos: no exclusivo para los distintos sectores con discapacidad, sino
accesible para el conjunto de la población. A día de hoy,
existe mejor voluntad que resultados. Desde la Fundación DFA
se solicita una intervención decidida para solventar con la urgencia
que demandan todas estas fallas y se hace una llamada de atención
para que la futura implantación del Tranvía en el eje
norte-sur de la ciudad de Zaragoza arranque con los más modernos
y completos dispositivos de accesibilidad, sufran o no los usuarios
discapacidad física alguna.
Queda dar el último paso, completar el recorrido. Pasar de la
integración a la deseada fase de normalización, en la
que los vehículos no acepten adaptaciones complementarias porque
ya las incorporan, valga la expresión, en su ADN.
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